Pedro Sánchez resolverá este lunes el misterio más extraño de los últimos años en el Estado español. Casi cinco días de cábalas y meras suposiciones llegarán a su final cuando el presidente comparezca en el Palacio de La Moncloa para anunciar si dimite por la apertura de diligencias judiciales sobre su mujer, Begoña Gómez, por una denuncia de Manos Limpias que se basa en recortes de prensa, y que el PSOE y sus socios en general creen que es infundada. La dimisión es un escenario que se baraja como una opción muy real por el tiempo que ha pasado con el socialista sin agenda pública desde que el miércoles abrió un paréntesis para reflexionar. El PSOE ha echado el resto para escenificar su respaldo, incluso con su némesis Emiliano García-Page de su lado y con 12.500 personas ante Ferraz, pero insiste en que está “tocado” por el clima de asedio a su entorno familiar, y tomará la decisión precisamente con ese entorno familiar.

En un escenario totalmente insólito, la clase política y buena parte de la ciudadanía está pendiente de que aclare si, por el contrario, tratará de continuar con el impulso de sus socios en el Congreso, recurriendo a la votación de una cuestión de confianza; o si retomará directamente su agenda pública con el argumento de que el Comité Federal del PSOE ha cerrado filas con él. Pero reincorporarse sin más preámbulos es el escenario menos probable por el nivel de deterioro al que ha llegado el debate tras estos días de espera, ya que el PP lo acusa de practicar el victimismo para volver reforzado y beneficiarse electoralmente. Volver sin más podría dejar tocada su credibilidad y reduciría estos cinco días de espera a un auténtico expediente X, y desviaría el foco de las responsabilidades de la derecha española por alentar un clima de deslegitimación del Gobierno. Sánchez podría ser muy consciente y haber lanzado su reflexión con la intención de dimitir y sin mayores expectativas, tampoco convocar elecciones en un mes y reforzarse.

Si la reacción de Sánchez ha sido en esencia emocional y familiar, la situación sería incontrolable para el PSOE, y la posibilidad de que renuncie sería muy factible. El PSOE insistía este domingo en que “la cosa no está fácil”, como decía el ministro Óscar Puente. Ribera admitió en El País que no habla con él desde el miércoles a la mañana.

La hipótesis de la sucesión

Aunque Sánchez se ha labrado una reputación como superviviente, los socialistas se preparan para que esta vez no haya trampa ni cartón ni conejos en la chistera. Esa despedida provocaría un terremoto que obligaría a buscarle un sucesor a través de un nuevo proceso de investidura y de consultas con el rey español, ya sea para cubrir un corto periodo de tiempo o incluso únicamente el mes de plazo que queda hasta que se puedan convocar unas nuevas elecciones, que tendrían lugar en torno al 25 de julio; o bien para que la legislatura aguante unos meses más y para aprobar incluso unos Presupuestos, una opción mejor vista por socios como el PNV, que quieren que se cumplan los acuerdos de investidura y que haya estabilidad. Unas elecciones quizás tampoco serían aconsejables para el PSOE porque podrían dar una oportunidad al PP para hacer campaña con las diligencias judiciales. La izquierda, eso sí, está movilizada en las calles.

Han sonado como relevos la vicepresidenta y número dos del PSOE, María Jesús Montero; la portavoz del Gobierno español, Pilar Alegría; y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que estaría tratando de convencer a Sánchez de que no lo deje. También lo intentó este domingo el ministro de Transportes, Óscar Puente, el mismo que defendió la posición del PSOE en la investidura fallida de Feijóo. Se dejó llevar en un mitin en Santiago de Compostela y elevó a Sánchez a la categoría de “puto amo”.

La situación es delicada porque, en los últimos diez años y con el paréntesis del motín de los críticos en 2016, Sánchez ha tenido un liderazgo arrollador en el partido. El presidente del EBB, Andoni Ortuzar, ya adelantó en la entrevista con este periódico que el PNV no haría ventajismo ni le saldría al paso al nuevo líder del PSOE con condiciones adicionales. El PNV respetará lo pactado, pero también avisa de que el pacto vincula a todo el PSOE como partido porque se firmó con su membrete, y tiene que vincular a la nueva cara visible del Gobierno español. No contempla un viraje hacia posiciones más centralistas. 

EH Bildu parece que sigue esa misma línea y que, también en el supuesto de una cuestión de confianza, votaría a favor de Sánchez para que siguiera. La cuestión de confianza fue señalada por Ortuzar como la vía más sencilla para zanjar este episodio sin romper nada aunque, a medida que han pasado los días, se ha complicado.

Renunciar a este "alto honor"

En cualquier escenario, el PP podría tratar de sacarle provecho puesto que, si Sánchez dimite, también podría considerarlo una huida y extender la sospecha de que el PSOE tiene algo que ocultar. Además, hay quien reduce su posible salida a un intento de buscarse un puesto más tranquilo en Europa, alejado de la presión política que practica la derecha en Madrid.

Sánchez dio la sorpresa el miércoles con una carta en la red social X. “Necesito parar y reflexionar. Me urge responderme a la pregunta de si merece la pena, pese al fango en el que la derecha y la ultraderecha pretenden convertir la política. Si debo continuar al frente del Gobierno o renunciar a este alto honor”, dijo. La carta la escribió tras la apertura de diligencias en un juzgado de Madrid, lo que resucita el fantasma del rescate de Air Europa. La propia compañía matizó, ante las informaciones que hablaban de un contrato para pagar 40.000 euros en vuelos al Africa Center de la mujer de Sánchez, que solo utilizó 1.700 en dos vuelos de clase turista.